Instrumentos “custom made” – ¿Realmente necesito uno?

Voy a iniciar estas líneas reconociendo que he tenido en algún momento el interés de pagar para que me hagan de un instrumento a la medida. Desde 2002 en que tuve un primer encuentro con este mundo a través de Dave Pushic gracias a las referencias de un amigo de un amigo, y eso me ayudó a entender que no todo es blanco o negro cuando se trata de instrumentos musicales, y que hay tantas opciones como preferencias existan.

Habiendo dicho esto, debo aceptar que hasta la fecha no lo he hecho. No se si es porque me estoy haciendo viejo, o porque he cambiado mi manera de pensar en muchas cosas, o porque estoy tranquilo con lo que tengo. En fin, el objetivo de este post es de evaluar las aristas que rodean un proceso de decisión que culmine en una respuesta positiva o negativa hacia la gran pregunta: “¿necesito un instrumento hecho a la medida?”.

No se si esa pregunta tiene respuesta en términos generales, por lo que una afirmación categórica que trate de ser general podría ser imposible de sustentar a través de razonamientos lógicos, pero al menos trataré de darle respuesta en mi caso personal. Por lo tanto invito a cada lector a que comparta sus resultados y enriquezca el tema con sus aportes en la sección de comentarios.

Voy a dividir este análisis por temas para tratar de enfocarme en cada aspecto de la mejor manera. Cada uno de ellos responde a un aspecto a evaluar dentro del proceso de decisión, y creo que todos en conjunto resumen las variables que se conjugan para determinar si nos conviene. Como es común en mi, y lo digo con respeto, mi enfoque se entremezclará con aspectos de negocios, pues mi razonamiento siempre tiende hacia la preservación patrimonial, y al cuidado a la hora de invertir en cualquier tipo de bienes y/o servicios.

1- Investigación de mercado – (Buscando el tono personal): No ha sido solamente una persona quien afirma que el tono está en los dedos, y a eso recientemente hay que sumar a algunos conocedores que incluso ponen en tela de juicio si la madera en si aporta cualidades tonales (en instrumentos eléctricos, no hablaré de los acústicos), o si es la construcción, el que las cuerdas pasen a través del cuerpo, o simplemente que las cuerdas y las pastillas (más los dedos) constituyen el secreto del tono. No es mi interés polemizar, pues mi preferencia ya está muy fortalecida por tener más de 20 años de andar probando cuanto instrumento haya podido, y de haber comprado más de 20 bajos de todo tipo. Es por ello que después de tanto caminar puedo decir que ha habido 5 instrumentos que he tocado que han generado en mí la inquietud de decir: “esto me acerca al tono que quiero”.

2- Recolección de datos – (aislando el tono en su forma más pura): Es complicado decir que podemos encontrar una forma pura de nuestro tono, pues depende de muchos factores: cuerdas (si son viejas o nuevas, marcas, calibres, etc), cables, amplificadores, parlantes, hasta la acción del instrumento y la tensión de las cuerdas, y el ataque con el que toquemos (entre muchos otros). Tendría que dedicar otro tema a la búsqueda del amplificador ideal, pero asumiendo esto desde un enfoque práctico, vamos a partir de que conectamos el bajo directo a la mesa de sonido, sin preamplificación ni efectos en el camino, y con el mínimo de compresión que podamos tener. Es así que eliminando la variable del amplificador, pensemos en el tono característico y particular de cada instrumento. Yo creo que podemos organizar al bajo eléctrico por “familias de tonos” (sin perjuicio de que cada división tenga sus colores particulares). Para ello voy a referirme según antigüedad de aparición en el mercado. 1- Precision Bass: para algunos es la apoteosis del tono. El minimalismo tecnológico logrado de la mejor manera: una pastilla (split humbucker), volumen y un selector de tono. Y con miles de horas de grabación en su haber, aparece en casi todos los éxitos de Motown, Stax, Elvis, y quien sabe cuántos más. Tiene la versatilidad para satisfacer los requerimientos que van desde el Soul hasta el Rock. Un selector de tono combinado con las cuerdas (entre más viejas más redondo el sonido, entre más nuevas más agresivo), parecieran ser suficientes maestros que van desde James Jamerson (The Funk Brothers) hasta Glenn Hughes (Deep Purple) y todo lo que está en el medio. El mercado ofrece muchos modelos en producción desde el Fender clásico hasta diversas variaciones (en forma más que todo) del original, como las líneas célebres de Yamaha, BB y RBX que tienen modelos para principiantes con la configuración del Precision o una mezcla de P y J. 2- Jazz Bass: otro de los infaltables en el arsenal de la versatilidad. Toda la musicalidad que sale de esas cuatro cuerdas lo convierten en el modelo a seguir para otros fabricantes, entre ellos Spector, Yamaha, Warwick, por citar algunos. Imposible imaginar a Jaco Pastorius con otro instrumento, o pensar en Aston “Family Man” Barrett tocando con Bob Marley y no visualizarlo con su Jazz Bass. Las dos pastillas J (single coils) le dan un tono más funcional que al Precision, y la posibilidad de balancear la mezcla entre ambas pastillas añade un sabor especial. Es uno de los bajos más copiados, pero se debe a que es de los más versátiles y sencillos en su construcción. 3- Musicman Stingray: Leo Fender, que ya había heredado al mundo el Precision y el Jazz Bass tiene otra gran idea, añade los electrónicos activos a la pastilla humbucker, “saliéndose del canasto” de lo que venía produciéndose hasta el momento. Este bajo revolucionó el mercado y re-definió al rock, el funk y disco de finales de los 70 e inicios de los 80, donde vimos a un Louis Johnson o un John Deacon exprimiendo hasta la última gota del tono en ellos. Luego Leo Fender volvió a experimentar con un nuevo modelo que combinaba el Musicman y el Jazz Bass en los bajos G&L, pero ya siendo variaciones de los anteriores, con características muy particulares. 4: Bajos con color particular: Por supuesto que hay otros bajos que han influenciado el universo musical, como el Hofner Bass de Paul McCartney con su característica forma de violín y sus switches selectores de bajos, altos y “rhythm”, el Rickenbacker que es inseparable de Geddy Lee o Lemmy Kilmister, y que brota con su tono de puro Rock, o el universo aparte en que ubicamos a los Ken Smith, que tienen un sonido tan particular que re-definieron a una generación completa, máxime en las manos de John Patitucci y tantos otros.

3- Análisis de resultados – (Identificación del nicho tonal): Más allá de comparar entre todos los modelos hay que entender hasta dónde pueden llegar las posibilidades tonales (en un escenario ideal del sonido puro, sin amplificación, como lo dije en el punto anterior), y partir de ese enfoque para tratar de construir el tan deseable tono personal. Y por ello hay que partir de una pregunta básica: ¿A qué quiero sonar? O mejor dicho: ¿Cómo quién quiero sonar?. Esto es tan personal que es casi imposible de explicarlo objetivamente. Cada uno de nosotros tiene su opinión y debe respetarse. Así las cosas, como bajistas debemos analizar esta información y tomarla como punto de partida para lograr ubicar, trabajar, y perfeccionar nuestro tono. ¿Cuál es el genero (o géneros) en que queremos desempeñarnos?. Hay instrumentos que tienden a sonar “muy rock”, o “muy jazz” (lo hemos escuchado decir ¿no?), y otros que por su versatilidad nos permiten tocar en cualquier escenario con tranquilidad. Eso me recuerda cuando leí (hace algunos años) en un anuncio en el sitio 89decibeles que se abrió una audición para una banda de rock, y que un carajo se apareció con un bajo de una marca “X”, sin los trastes (él mismo se los quitó), y eso causó el repudio de los otros miembros, y por supuesto no le dieron el chance. No podemos generalizar, y encuadrar instrumentos en géneros, pero si visualmente se vería “interesante” que un carajo con un Axe Bass como el de Gene Simmons aparezca en un chivo de jazz… (digo yo…). Recapitulando: una vez que uno compara y llega a conocer los tonos particulares de los instrumentos, y ya se ha orientado hacia cierto género, sonido, estilo, etc., es posible construir las bases del tono propio. Pero llega un momento en la vida de todos nosotros en el que decimos: “no es suficiente” (¿o miento?). Y yo no se ustedes, pero en mi caso yo no me dedico a ser bajista de tiempo completo y veo esto más como un hobby que como una actividad que me pueda dar a mí y a mi familia de comer (como muchos de ustedes), pero si me he preocupado desde el inicio por ir definiendo mi sonido. Yo siempre he querido sonar a mí. Ese momento de “no me es suficiente” llegó cuando tuve mi primer bajo nuevo. Era un Ibanez SDGR, allá por 1995. Particularmente me enfrenté con el tema de la ergonomía (teniendo manos grandes con un bajo con neck tan delgado se complica la cosa), y el tema del sonido, porque no me estaba llevando donde yo quería ir. Aun así pasó mucho tiempo hasta que me convencí de que mi tono era más hacia lo clásico que hacia lo contemporáneo. Pero en ese camino se me ocurrió la posibilidad de tener algo “solo para mí”. Investigué sobre maderas, componentes electrónicos, construcción de bajos, y que si una sola pieza, que si atornillado, y todos esos detalles que apasionan pero que también causan polémica. Entonces se me vino a la mente un bajo de 30 trastes, con una sola pastilla (humbucker), un preamplificador de 3 bandas activo, sigle-cut, y la selección de maderas que combinaba el ash en el cuerpo, con una tapa de flamed maple, y el brazo en 5 piezas de maple-ash-rosewood-ash-maple, y el fingerboard de maple. Todo aquello se veía espectacular en el diseño. Lo coticé con Dave Pushic y por menos de $2,000.00 me lo podía fabricar.

4- Análisis del riesgo de inversión(Pros y contras de los instrumentos “custom made”): Con mi análisis tuve que tomar en consideración un factor que a veces como músicos dejamos de lado: los negocios. ¿Un instrumento es “un activo” o es un “pasivo”? Un contador podría ayudarnos a resolver el tema de la mejor manera, pero en mi visión siempre he considerado los instrumentos como “activos”, como dinero en efectivo, y en caso de emergencia he vendido instrumentos y capitalizado mi inversión. Dicho de otro modo: si lo necesitara, podría vender mi instrumento a un precio de mercado, y quizá ganarle algo al valor, o perder, siempre según los parámetros del mercado para negociarlo. Entonces, al igual que con los carros, uno analiza la agencia, el soporte pre (información) y post venta (repuestos), y otros factores similares, y por supuesto el valor de re-venta y cómo se castiga el “sacarlo de agencia”, etc. Así sucede con los instrumentos. Si elegimos el hacer el bajo de nuestros sueños (“nuestros” es la palabra clave) probablemente no tengamos los mismos sueños que la mayoría de la gente. Eso quiere decir que en caso tener que venderlo podría ser más complicado ponerlo en el mercado para lograr una venta efectiva. Basta con hacer un recorrido por las páginas que se dedican a vender instrumentos y ver los anuncios. ¿Desde hace cuánto tiempo se está vendiendo este o aquel instrumento?. Hay instrumentos que son inversiones muy seguras, pues no duran mucho en venta, y podemos traducir en dinero su valor, con relativa sencillez. Hay otros que toman meses o años para venderse, y por lo general siempre se venden por mucho menos de lo que sus dueños deseaban al inicio. Entonces, si usted al igual que yo considera sus inversiones en instrumentos (o en equipo en general) como un medio cambiario, y espera que con el tiempo (de ser necesario) pueda redituar sobre cada una de sus compras, pues deberá tomar en consideración y con atención este aspecto. Vemos luthiers que vienen y van y marcas que aparecen y desaparecen (tanto en la fabricación en masa como en los instrumentos “a medida”), y uno se pregunta: ¿qué sucede con los instrumentos que quedan sin servicio?. ¿Quién me da soporte en caso de que aquella pieza única, que fue hecha especialmente para mí necesite reemplazo o arreglo? Pero volviendo al tema de las inversiones, para amarrar conceptos esto sería un “riesgo de inversión”. Algunos dirán que vale la pena correr el riesgo, otros no lo asumirán. En cuanto a los precios, podríamos debatir por horas sobre el valor y el precio como conceptos, pero si todas las cosas son susceptibles de tasarse, y todo por lo tanto puede ser apreciado, entonces ¿cómo le ponemos el precio de mercado a un instrumento hecho a la medida?. En principio yo como consumidor pago por los componentes que forman el instrumento, pero también pago por la “mano de obra” del operario (u operarios) que lo trabajan, y por los costos fijos del lugar en que fue hecho (luz, agua, teléfono, internet, salarios, etc.). Todos estos son conceptos de negocios, y como dije yo todo lo veo como negocio (lo digo de manera fría y sin temor). En los instrumentos producidos en masa, estos costos están tasados en lo que conocemos como “precio sugerido de venta” en donde se diluyen los costos de fabricación en la simplificación de procesos, algunos mecanizados, otros manuales, controles de calidad, etc. Es sencillo consultar estos precios en instrumentos nuevos como en instrumentos usados, y hay bases de datos con estos valores. Ahora bien, con un instrumento “custom made”, no existe una base de datos y los valores pueden ser confusos. Es como ponerle precio a una obra de arte. Estamos pagando a un individuo para que él y solo él realice el trabajo, por lo que nos cobrará según sus parámetros, el tiempo que le dedique, su conocimiento, etc., siendo el costo distribuido entre el máximo de órdenes de compra que pueda atender al momento. Pero más allá de esto, si uno pide un instrumento a medida puede cometer algunos errores (si se me permite decirlo así) que entrarían en disonancia con la idea primigenia de ser “únicos”. Por ejemplo, si yo busco algo a la medida es porque no existe en el mercado, por un tema de materiales, electrónicos, forma, etc., y si los componentes que le vamos a poner son los de instrumentos que se producen en masa (en contraposición con pastillas y electrónicos hechos a mano, por citar solo un ejemplo), terminaremos por tener una copia de un bajo de producción en masa por un precio mucho más caro. Son muchas las variables que debemos analizar para que esta inversión valga la pena, porque de lo contrario, podría ser más redituable pedirle al departamento que comúnmente se llama “custom shop” de alguna de las marcas comunes en el mercado que nos fabriquen el instrumento bajo nuestras especificaciones.

5- Puesta en funcionamiento del plan de inversión – Prueba y error: el proceso de idea, cotización, replanteo, cotización, ajustes, cotización, etc., puede tomar bastante tiempo. Así que entre más seguros estemos de lo que vamos a pedir (lo que necesitamos), más sencillo será el proceso de conceptualizar ese instrumento soñado. Pero, hay cosas que de camino podrían suceder que pondrían en peligro ese proceso. Retomo: si la idea es que un luthier particular construya nuestro instrumento, él y solo él pueden cumplir este cometido. ¿Qué pasaría si el luthier decide salirse del negocio antes de terminar nuestro pedido? ¿Qué pasaría si fallece? ¿Qué sucede si no estamos satisfechos con el resultado? En un país como el nuestro no tenemos tan a la mano a estos maestros constructores como para visitarlos con la frecuencia necesaria para afinar los detalles de nuestro instrumento (aunque si hay algunos que hacen muy buenos trabajos). Entonces hay que considerar otros gastos adicionales que pueden generarse en el camino, y una vez más hay que tomar en cuenta si esos gastos podrían ser recuperados a la hora de vender el instrumento. Cuidado y si al final podría resultar más oneroso todo el procedimiento paralelo que el mismo hecho de la construcción. Es una apuesta, y el riesgo es alto. El tema de las garantías es muy importante también, y con los instrumentos producidos en masa las cosas pueden ser más sencillas. Yo he utilizado los servicios de algunas compañías de estas, y no he tenido problemas hasta ahora. El problema se presenta cuando hay que lidiar con los intermediarios (en ocasiones), pues no se tiene contacto directo con la casa matriz. Pero salvo contadas excepciones, los distribuidores son buenos canales de comunicación y nos ayudan a solucionar los problemas. Con los instrumentos a medida las garantías podrían ser complicadas, por las mismas razones que comentaba anteriormente. Es otro de esos factores que hay que considerar antes de invertir.

Finalmente, el proceso de elección es nuestro, y muy personal, y por ello si después de hacer el análisis del mercado y definir que nuestro tono no tiene cabida dentro de lo que se puede conseguir, ni dentro de las posibilidades de personalización que dan las fábricas de producción en masa, entonces probablemente estemos en un escenario que nos indique que lo mejor es crear nuestro instrumento desde cero. Hay mucha información en internet sobre luthiers, sobre maderas, electrónicos, componentes y pastillas, y también hay muchas personas que conocen del tema y pueden ayudarnos a tomar las decisiones acertadas, por lo que si estamos pensando en esta opción, lo mejor es hacer todas las preguntas del caso antes de contratar a un luthier y pagarle cualquier adelanto.

En mi caso, después de analizar todos estos aspectos me he decidido por Fender y Ernie Ball. Los 5 instrumentos a los que me refiero en el primer punto son: a) Fender Jazz Bass 77, b) Fender American Standard Precision Bass, c) Musicman Stingray, d) Musicman Sabre Reissue, y e) Ken Smith BSR. Cada uno de ellos me aportó un poco más de información para definir mi tono y en mucho puedo decir que trato de emular con mis instrumentos esos colores tan particulares.

No se qué pensaré mañana, pero por ahora siento que aun no exploto el potencial de lo que tengo… ¡pero nunca se sabe!

Fernando Herrera.

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