La sociedad, la representatividad y Justo. Una lucha personal.

Nuestra sociedad está compuesta por matices muy amplios, tanto como los colores que hay en un arcoíris con todas sus tonalidades. Cada cabeza es un mundo, reza el refrán. Por un lado están los radicales, por otro los conservadores, y también los liberales. Están los de centro, los de derecha y los de izquierda. Tenemos cristianos, judíos, musulmanes, y dentro de cada uno de ellos distintas ramificaciones que enriquecen socialmente este crisol global en el que estamos metidos todos.

Hay maneras de pensar muy diversas, con posiciones y lógicas tan variadas como personalidades puedan existir. En medio de todas estas, un rasgo social e inconfundible de cada parte del mundo: la idiosincrasia. Y la nuestra como ticos es una muy particular: estamos acostumbrados a joder, pero no a que nos jodan. Somos los choteadores del istmo. Todos son inferiores a nosotros, otros son los fanáticos, los vagos, los prejuiciosos, los “playos”, los criminales, los que juegan mal al fútbol… otros nunca nosotros. Estamos tan acostumbrados a volar plomo parejo que cuando nos toca a nosotros, o específicamente uno de nosotros mete autogol, genera una reacción viral, casi purulenta, en las opiniones públicas, y también en las particulares. Hago esta diferenciación porque para mí la opinión pública no es cualquiera, sino de las personas que dominan el tema. Los que no sabemos de algo, tenemos opiniones particulares, que si las sumamos, no por ello van a ser una verdad colectiva. En algunos casos esta opinión particular, lejos de convertirse en pública, se convierte en prejuicio.

Ahora bien, teniendo nuestro país 2 temas medulares en estos días, cuales son el de la corrupción política generalizada y desenmascarada a diario por los medios de comunicación. Por otro lado, y que no deja de tocarse en algún punto por el anterior, el tema de una Comisión Legislativa de Derechos Humanos, presidida por una persona que claramente tiene dos pecados mortales: 1- llegar a una diputación a través de manipulación selectiva de un grupo de personas altamente influenciables y de poco criterio propio, y aun peor, suficientemente significativas como para darle una curul a un ente que evidentemente no estaba en la preparación ni profesional ni personal para servirle a su país.

¿Por qué digo que se tocan ambos temas? Sencillo, pues si el sistema político nacional no estuviera plagado de corruptos y de gente que da para recibir, no tendríamos personajes como don Orozco en la representación parlamentaria. Ahora, otra pregunta que muchos se hacen: ¿A quién representa este señor? Muchos podrán decir: “No a mí”, otros dirán “esa es mi manera de pensar, representada por un hombre de Dios”, así como muchos dijeron “yo también soy Karina”. Este tema de las opiniones particulares es tan complejo que si de verdad todos fuéramos Karina, en el Poder Judicial las funcionarias judiciales podrían ir en tanga y los funcionarios en bóxer.

La sociedad necesita una medida de fuerza y una de consenso, ese es el principio básico de una teoría del Estado que promueva la participación ciudadana en un ambiente democrático. Pero la ejecución de la fuerza, de la potencia institucionalizada que caracteriza al Estado, en los últimos meses, o años, se ha visto muy perjudicada a través de errores críticos de los funcionarios que se supone representan nuestros intereses. Si la fuerza está en las manos erradas, entonces el consenso será aún más complicado de lograr. Polarizados ya de por sí, nuestro gobierno le da más importancia a temas que realmente no son temas país, sino proyectos secundarios que realmente no nos consolidan ni política, ni socialmente, sino que nos retrasan competitivamente con respecto al resto de la región. Veamos a nuestros vecinos que vivieron inmersos en las guerras en los años 80, y hoy día están priorizando sus intereses sociales y dejando mejores legados a las generaciones venideras.

Pero Costa Rica está dormida, y si despierta es para caer en juegos de palabras entre mandos medios y mandos altos del gobierno, o entre los que se supone nos representan, y sus representados.

Y es ahí donde debo volver al tema de don Orozco, pues hay varias ideas que andan como sueltas en el aire y si uno no se detiene a pensar un poco, no capta realmente la magnitud de lo que sucede: A) No se le puede pedir a Orozco que se comporte como un político de carrera, porque evidentemente no lo es. Él no entiende el mandato popular que le fue conferido por medio del voto. B) No se le puede pedir a Orozco que se comporte como un profesional, pues mucho se ha dicho de la anómala formación académica que tiene. No puede comprender el peso de las opiniones que un profesional en leyes, padre de la Patria, legislador y representante del pueblo, tienen para con la colectividad, y aun para sí mismo. Sus opiniones no le son propias pues es una figura pública. Pero claro, evidentemente él no aprendió nada de eso en la universidad. C) No se le puede pedir a don Orozco que se comporte como un representante Cristiano, porque con sus actos no se desprende en nada ninguna conducta compatible con la idea del cristianismo del perdón, la gracia, y la solidaridad para con el prójimo. Estas son tres cosas que se le enseñan a cualquier persona en cualquier curso básico de introducción al cristianismo en cualquier parte del mundo. Se nota que don Orozco no lo llevó. D) No se le puede pedir a don Orozco que se comporte como un ser humano, porque los seres humanos tenemos la capacidad de razonar, sopesar los efectos de nuestras acciones y los daños colaterales que éstas puedan traer quienes nos rodean. Estas conductas, casi reflejos primitivos que todos los seres humanos (ergo seres racionales) tenemos, están claramente ausentes en el actuar de este señor.

Ahora bien, por otra parte están los que cumplen con todo lo contrario de lo que don Orozco no es: los verdaderos padres de la Patria, los Profesionales en distintas áreas, los Cristianos y en general los seres humanos, que en principio deberían reflejar lo opuesto a lo que tanto critican de él. ¿Estamos reaccionando todos de una manera consecuente con lo que representamos, lo que creemos, y lo que somos?

Cada vez que alguien lo chotea, lo critica, le hace alguna imagen de burla, está comportándose exactamente igual que él. Es como reclamarle porque habló del “plumero”, y cambiar la palabra por cualquiera que le quepa a él.

No caigamos como sociedad en el mismo juego deprimente de una persona que no tiene capacidad ni social, ni profesional, ni moral para emitir juicios de valor. ¿Es usted homosexual? Pues luche usted por lo que considere justo. ¿Es usted Cristiano? Esfuércese por ser consecuente con la doctrina milenaria básica del cristianismo. ¿Es usted político o burócrata? Haga su trabajo con excelencia porque es por depósito de la voluntad de los gobernados que está sentado en su escritorio. Al final, cuando a todos nos llame Dios a cuentas (y sí, esa es mi fe y no la oculto) vamos a ser evaluados individualmente por lo que fuimos, por lo que hicimos por otros y por la actitud de nuestro corazón.

Entonces, les propongo que cada uno entable una lucha personal por lo que cree. Una campaña que se enfoque en crear un mejor entorno para uno mismo pero principalmente para la sociedad, la de hoy y la de mañana. No es paralizar el tráfico porque no obtengo lo que quiero del gobierno, sino proponer, aportar algo. Ya lo decía John F. Kennedy: “no preguntes qué puede hacer tu país por ti sino qué puedes hacer tú por tu país”.

¿No queremos a don Orozco en la Asamblea? ¿Por qué entonces le permitimos que continúe ahí? Si el pueblo le dio un mandato, pues al no cumplirlo, el pueblo puede exigirle responsabilidad, tal y como lo dice el juramento constitucional. Creo que es tiempo de que la Patria se lo demande. Pero no es solo quitarlo, sino proponer algo en el lugar que deje vacío.

¿No nos parece bueno el gobierno? Si por mandato le dimos la responsabilidad, pues llamémoslo a cuentas.

Pero si lo llevamos a un plano más personal, también podemos lograr grandes cosas: ¿Estamos cansados del trabajo que hacemos a diario y no nos hace felices? Renunciemos entonces, y démonos la oportunidad de ser felices. ¿Está encadenado a una persona que se roba lo mejor de sus años sin aportarle nada a usted? Rompa esa cadena y sea libre. ¿Está cansado de ir a una iglesia de cualquier creencia o denominación en donde solo lo ven a usted como una gran billetera llena de bonos para financiar un estilo de vida envidiable para un líder religioso? Deténgase ya, haga algo por los suyos o ayude a personas que realmente lo necesitan.

Nuestra lucha personal puede tener cualquier bandera, pero si no luchamos entonces no pidamos tampoco soluciones.

2 thoughts on “La sociedad, la representatividad y Justo. Una lucha personal.

  1. Hijo me parece muy bueno tu comentario, y digno que muchos no solo lo lean, siino que lo pongan en práctica y no pronto, sino desde ya. Sigue adelante con tus ideas.

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