Se puede creer en Dios en este siglo?

La idea de Dios es algo que para algunas personas podría considerarse “Tema Superado”.
La realidad de nuestro día a día, y los avances que en materia de ciencia se hacen, nos han puesto en un punto de contradicción doctrinal y teológica, que nos dejan muchas veces pensando en la existencia o no de un Dios, con la idea de Todo Poderoso y Omnipresente/Omnisciente.
Basta encender el televisor, y darse cuenta que el mundo cada vez está peor, y la violencia y la injusticia están por todos lados. Especialmente parece ensañarse contra los niños y los más necesitados.
Pero, que es lo que hace que creamos en Dios en medio de esta realidad? Que motivación tendríamos en este mundo tan abusado y destruido, como para pensar que todo esto es parte de un plan pre-establecido por un ser superior?
La de Dios es una historia que en términos sencillos, ni tiene inicio ni tiene fin. Y a nosotros nos ha tocado vivir en un momento intermedio en ese lapso: entre el “siempre” y el “jamás”. Todo lo que suceda en este intervalo multidimensional en donde se conjugan el tiempo y el espacio, viene a definir (o en algunos casos reforzar) el concepto que tengamos de este ser superior, al que yo llamo Dios.
Como todo en esta vida, ese concepto, o esa imagen que podamos tener de dicho ser, varía dependiendo de la realidad, de la herencia y de la personalidad de cada individuo, siendo eso sí, común en muchos casos, entre quienes coincidan en todo o en parte bajo algún criterio teológico, en el conglomerado llamado “iglesia”. Pero más allá de estos conceptos, si analizamos el “cómo” nos ha llegado el concepto general de Dios debemos entonces pensar en:
a) Herencia: Nuestros padres o abuelos juegan un papel primordial para creer o no en Dios; y para definir ese “creer” o encasillarlo en algún “credo” religioso, en algunos casos, o en otros para desacralizar absolutamente todo concepto encasillándolo en el “ateismo” o “libre pensamiento”.Por ejemplo, recuerdo escuchar las conversaciones de la gente mayor, durante mi niñez, en las que hablaban de un Dios “castigador”, o “vengativo” que ve todo lo que hacemos esperando que cometamos un error para recriminarnos o castigarnos. Entonces esa idea del Dios con el ceño fruncido y el dedo acusador sobre nosotros fue lo que delineo mi primero concepto de Dios. Es inevitable recordar cuando entraba en la iglesia y veía las pinturas en las que siempre Dios era el señor viejito enfadado que estaba en un trono con un bastón como esperando que me acercara para regañarme. Luego, los papás con su costumbre de decir: “Dios lo está viendo”, crean una culpabilidad y una ilusión de persecución con la que vivimos por años, sin tener paz, porque Dios está ahí como vigilante a la espera de que tomemos algo que no nos pertenece para juzgarnos con todo su peso y su rencor.
b) Experiencia: Cuando tenemos un concepto heredado de Dios, pero a través de lo que vivimos modificamos o eliminamos esa idea. O cuando no teniéndolo, la experiencia nos demuestra su existencia. Es aquí cuando la herencia choca con la realidad. Cuando alguien que ha pasado su vida pensando en ese Dios como el vengativo e inquisidor, y descubre a través de la lectura de la Biblia, o a través de alguna charla de algún orador de alguna iglesia, que “Dios es amor”; y no concibe como puede el mismo Dios que lo ha perseguido toda la vida, en un Dios que le ama. Acá es también cuando la idea heredada de Dios se desmorona, y se suelen tomar 2 caminos: o se piensa que nuestros padres o abuelos nos mintieron, con lo que la reacción es abandonar por completo cualquier idea de Dios, pues no vale la pena creer en una “mentira”; o se asimila la realidad, de un Dios que no nos juzga, y que a pesar de cualquier error que podamos cometer siempre está esperando con los brazos abiertos para perdonar. Esto puede transformar nuestras vidas, para mal o para bien.
c) Personificación: cuando identificamos en Dios la figura paterna que para bien o para mal hemos tenido en nuestras vidas. Es el caso de los que han tenido la desdicha de convivir con un padre agresor, por ejemplo, y lógicamente identifican a Dios como aquel ser superior que “maltrata” al ser humano, o que lo castiga por su debilidad. El dios que nos reprende cuando cometemos alguna falta. O en otros casos, en los que el padre abandona el hogar dejando a sus hijos, otra reacción es pensar en Dios como “el que nos desampara” el que no viene a nosotros cuando lo necesitamos.
Pero ciertamente, para quienes han tenido una infancia marcada por un padre bueno, entendedor y compasivo tendrán un concepto más amigable de Dios.
Ahora bien, podemos entonces llegar a entender a Dios? O al menos cambiar nuestro concepto? Seguro que si.
Uno de los argumentos más comunes en estos días para negar la existencia de Dios, es que la naturaleza, o el universo son perfectos, autosuficientes y de un origen aleatorio y espontáneo. Por lo tanto, la idea de un Dios creador es incompatible para muchos.
Es acá donde la fe es determinante, no como justificante de una absurda creencia en algo más grande que nuestro entendimiento, sino como la única manera de conocer al verdadero Dios, y aun más, entender quién es.
Pero la fe es un tema de otra nota. Solo es importante por ahora, saber que el propósito de la fe es permitirnos mantener una relación “real” con alguien que no podemos ver “físicamente”. Bien lo dijo Chris (Dearnley) en su charla del 8 de agosto (http://www.lavinaescazu.org/iglesia/charlas) en la que explica como funciona la fe.
Así pues, sabiendo que si es posible encontrar la verdadera personalidad de Dios, más allá de la imagen que nos hayan implantado, o de la carencia de Dios que hayamos heredado, los invito a que piensen por un momento en esto:
Que es más sencillo pensar: que nuestro existir es producto de un accidente cósmico, y que mi transitar en esta vida se debe a un factor completamente aleatorio y caprichoso, por lo tanto pasar desapercibido es casi inminente. O saber que fuimos puestos en este mundo con un propósito, una misión. Para cambiar a este mundo y hacerlo un lugar mejor.
Si la respuesta es pasar desapercibido, mi reto entonces es que por un segundo, por un instante hagamos algo que deje huella, algo que cambie el entorno, que afecte a la gente que nos rodea, para que al menos por ese instante hayamos hecho que esta vida sea mejor para alguien; y de este modo romper la cortina de la “invisibilidad” a la que pareciéramos estar condenados.
Si la respuesta es que tenemos una misión, pues entonces la responsabilidad es mayor, y mi reto sería: he cumplido mi misión, o al menos me he acercado a alguno de sus objetivos? He iniciado si quiera el trabajo para cumplir con mi propósito? O aun más retador: Se cual es mi propósito?
Todas esas cosas que nos parecen convencer de la no existencia de Dios, todo ese dolor, toda esa injusticia que nos produce ira, puede durar por siempre. Pero si yo tomo partido, y hago algo por cambiar la circunstancia, voy a ver cambios. Puedo pasar toda una vida lamentando y reprochando los actos de los seres humanos de esta generación, o puedo decidir cambiarlos. Pero cómo puedo yo hacer algo? se puede preguntar con toda razón; y es que hemos escuchado muchas veces que el cambio lo hacemos nosotros. Pero no lo creemos. Sucede igual con Dios. Hemos escuchado tantas veces sobre Él, sobre quien es, y que es lo que hace por nosotros y no lo creemos. La Biblia está llena de explicaciones tan reales hace dos mil años como hoy día.
El punto trascendental, y como lo dijo Chris en la misma charla, es que la fe sirve a manera de “lentes” para poder dejar de ver “borrosa” la realidad.
Enonces, el cambio de todo lo malo que pasa en el mundo, cuando se ve a través de esos “lentes”, se convierten en una situación distinta: de ser algo doloroso, se convierte en una oportunidad para que Dios haga algo, a través de nosotros para cambiar esa circunstancia. Nos convertimos en canales, en medios para que Dios haga un cambio.
Otro punto recurrente es que si uno no cree en Dios, o en la Biblia, como entonces aceptar estas cosas?
La respuesta a esto es sencilla, pero dolorosa. Si yo en un día de sol, me tapo los ojos, puedo entonces decir que como no veo al sol, no existe? O que porque en un día de invierno, el sol no es visible, es porque no existe? Si la respuesta es si, le sugiero que analice mejor lo que cree.
No se puede negar a Dios. Se puede dejar de creer en una imagen de Dios, o en una concepción determinada de Dios, por algún motivo particular, pero esto no implica que no exista.
Pero esto no es extraño. Cuando no hay fe, el corazón naturalmente tiende a endurecerse. A llenarse de cuestionamientos. Todo deja de tener sentido.
Quiero, para cerrar, lanzar un último reto. Si no tiene sentido lo que está acá escrito, porque usted no maneja un concepto de Dios, le invito a que le conozca; pero de una manera natural y sencilla. Como cuando uno conoce a alguien en el autobús. Sin conocer detalles primero, pero con ganas de conocerle. Nadie tiene una verdad absoluta, pero lo que puedo decir es que cuando uno conoce a Dios, y empieza a relacionarse con Él, todo tiene sentido. Todo cambia, y todo se ve mejor, porque al ponernos los lentes dejamos de pensar en lo desdichados que somos por haber venido a este mundo a sufrir y nos concentramos en hacer que haber venido a este mundo sea una dicha para los que nos rodean.
Conózcale, y relaciónese con Él. No le estoy diciendo que vaya a una iglesia, porque realmente cuando uno conoce a alguien en el bus no le dice que se vayan a comer, o que vayan a tomar algo; al menos no en la primera cita. Primero se conocen y se ven por primera vez, y luego se relacionan. Esa es la relación que tiene sentido, una relación que se prolonga en el tiempo y que crece y se fortalece.
Si usted no sabe como hacerlo, le invito simplemente a decirle a Dios que usted le quiere conocer.  Es tan sencillo como eso. Sin palabras mágicas, sin misticismo. luego usted me va a contar lo que unas sencillas palabras pueden significar en una vida.
Si hay razones para tener fe. Si hay motivos para seguir adelante en esa misma fe en medio de este mundo, y por sobre todo, si hay un por qué creer en Dios y en el propósito que Él ha dado a nuestras vidas.

Pongámosnos los lentes y empecemos a ver la realidad como en realidad es y cómo encajamos en este mundo.

Paz!

 

El presente texto es propiedad intelectual de Fernando Herrera Ospino. ®Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial o total sin el consentimiento por escrito del autor. Para reproducciones contactar a herreraospino@aol.com.

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